Durante el verano, el aumento de las temperaturas impulsa a miles de personas a buscar alivio en piscinas, lagos, ríos y balnearios. Estos espacios de recreación, tan característicos de la temporada estival, requieren controles rigurosos para garantizar que el agua sea segura para la salud humana y el ambiente. En este contexto, el bioquímico ambiental cumple un rol clave, muchas veces poco visible, pero fundamental para la prevención de enfermedades y la protección de la comunidad.
La labor del bioquímico no se limita al laboratorio clínico ni al sistema de salud asistencial. Su campo de acción se extiende al control ambiental, donde aplica conocimientos científicos para evaluar la calidad del agua destinada al uso recreativo, detectar riesgos sanitarios y contribuir a la toma de decisiones basadas en evidencia.
A través de análisis especializados, el bioquímico ambiental participa activamente en la prevención de brotes infecciosos, intoxicaciones y exposiciones a contaminantes, especialmente en épocas del año donde el contacto con el agua es más frecuente.
Piscinas y balnearios: controles que cuidan la salud
En piscinas públicas y privadas, balnearios y espacios recreativos, los bioquímicos realizan análisis microbiológicos y fisicoquímicos que permiten verificar si el agua es apta para el uso recreativo. Estos estudios evalúan, entre otros parámetros:
- La presencia de microorganismos potencialmente patógenos.
- El nivel de desinfección y la eficacia de los sistemas de tratamiento.
- Variables fisicoquímicas como pH, turbidez y concentración de cloro.
El monitoreo periódico de estos indicadores es esencial para evitar infecciones cutáneas, gastrointestinales, respiratorias y otras afecciones asociadas al uso de agua no segura.
Cianobacterias: un riesgo creciente en verano
Durante los meses de calor, el aumento de la temperatura y el exceso de nutrientes en lagos y ríos pueden favorecer la proliferación de cianobacterias, también conocidas como algas verdeazuladas. Estas floraciones pueden producir toxinas peligrosas para humanos y animales, generando riesgos tanto por contacto directo como por ingestión de agua contaminada.
El bioquímico ambiental interviene en la detección, identificación y monitoreo de estas floraciones, aportando información clave para la emisión de alertas, restricciones de uso recreativo y medidas de prevención que protejan a la población.
Ciencia, prevención y compromiso con la comunidad
Garantizar que los espacios acuáticos sean seguros no es solo una cuestión técnica, sino también un compromiso con la salud pública y el ambiente. En este sentido, el trabajo del bioquímico ambiental resulta indispensable para que el disfrute del verano no implique riesgos evitables.
Desde CUBRA, se destaca y visibiliza el aporte de los profesionales bioquímicos que, con su labor diaria, contribuyen a una recreación responsable, informada y segura, cuidando la salud de la población más allá del ámbito hospitalario.