Confederación Unificada Bioquímica de la República Argentina

Rebeca Gerschman: una pionera de la bioquímica argentina que transformó la ciencia

Cada Día Internacional de la Mujer invita a reflexionar sobre el papel de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad y, especialmente, en aquellos donde históricamente su participación fue limitada. En el campo científico argentino, una de las figuras que abrió camino fue Rebeca Gerschman (1903–1986), bioquímica e investigadora que realizó aportes fundamentales para comprender procesos biológicos vinculados con el oxígeno, el envejecimiento y diversas patologías.

Nacida en la localidad bonaerense de Carlos Casares, Gerschman cursó sus estudios en la entonces Escuela de Farmacia y Bioquímica que funcionaba dentro de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires. En 1937 se graduó como farmacéutica y bioquímica y realizó su doctorado bajo la dirección del Premio Nobel Bernardo Houssay, una de las figuras más influyentes de la ciencia argentina.

Su tesis doctoral, dedicada al estudio del potasio plasmático, dio origen al método Gerschman-Marenzi, una técnica innovadora para la determinación del potasio en sangre en distintas condiciones fisiológicas y patológicas. Este desarrollo representó un avance significativo para la investigación biomédica y para los análisis bioquímicos aplicados al diagnóstico.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Gerschman viajó a Estados Unidos para realizar estudios posdoctorales en la University of Rochester, donde comenzó a investigar los efectos de distintos gases en la fisiología humana. A partir de esos trabajos formuló una hipótesis que marcaría un antes y un después en la biología moderna: la teoría de la toxicidad del oxígeno por radicales libres.

En 1954 publicó sus hallazgos en la prestigiosa revista científica Science, donde postuló que, aunque el oxígeno es esencial para la vida, ciertas moléculas altamente inestables -los radicales libres- pueden producir daño celular cuando se encuentran en concentraciones elevadas. Esta idea revolucionaria abrió nuevas líneas de investigación sobre envejecimiento, mutaciones en el ADN y enfermedades asociadas al estrés oxidativo.

Sus estudios también aportaron conocimientos relevantes sobre patologías en las que el oxígeno juega un papel central, como la fibroplasia retrolental -conocida como ceguera del prematuro-, contribuyendo a una mejor comprensión de los procesos biológicos implicados.

En 1960 regresó a la Argentina para incorporarse como profesora en la cátedra de Fisiología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Aunque la falta de recursos limitó el desarrollo de su producción científica en el país, su legado continuó a través de una destacada labor docente. Entre sus innovaciones pedagógicas se destacaron el uso de cine científico como herramienta de enseñanza y la organización de conferencias con especialistas internacionales, iniciativas poco frecuentes para la época.

El impacto de sus investigaciones trascendió las fronteras del país. Durante la década de 1980 fue considerada candidata al Premio Nobel de Fisiología o Medicina, reconocimiento que refleja la importancia de sus contribuciones al conocimiento científico.

Rebeca Gerschman falleció el 4 de abril de 1986, dejando una trayectoria que hoy es recordada como una de las más relevantes de la ciencia argentina. Su trabajo no solo amplió la comprensión de procesos fundamentales de la biología, sino que también abrió camino para nuevas generaciones de investigadoras.

En el Día Internacional de la Mujer, su historia invita a destacar el papel de las mujeres en la ciencia y a reconocer el aporte de la bioquímica al desarrollo del conocimiento, la investigación y el cuidado de la salud. Recordar a pioneras como Rebeca Gerschman es también valorar el compromiso, la curiosidad y la vocación científica que continúan impulsando avances en el campo de la medicina y la biología.