Las altas temperaturas no solo impactan en la vida cotidiana, sino también en el trabajo de los laboratorios de análisis clínicos. El calor extremo puede comprometer la estabilidad de reactivos, el funcionamiento de los equipos y la correcta conservación de las muestras si no se mantienen condiciones ambientales estrictamente controladas.
Muchos reactivos son termolábiles, por lo que la cadena de frío debe resguardarse desde su recepción hasta el almacenamiento. A su vez, los analizadores automáticos generan calor propio y, sin una climatización adecuada, pueden descalibrarse o presentar fallas por sobrecalentamiento.
Otro punto crítico se da en la etapa preanalítica. Se debe controlar que el transporte de muestras desde centros periféricos se realice en contenedores refrigerados validados, para evitar alteraciones de temperatura que afecten la calidad del resultado.
En este contexto, el rol de las y los profesionales bioquímicos es clave. La planificación, el monitoreo permanente y el cumplimiento de protocolos garantizan que, incluso bajo condiciones de estrés térmico, los resultados sigan siendo confiables y seguros.
Cuando sube la temperatura, también se redoblan los cuidados en el laboratorio. Desde la recepción de los insumos hasta el transporte de las muestras, cada detalle cuenta para asegurar resultados confiables y seguros.
Porque la calidad en el laboratorio no depende del clima: depende del compromiso profesional.