La sífilis vuelve a encender las alarmas en el país. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, durante 2025 se confirmaron 46.613 casos, una cifra que refleja una tendencia sostenida en aumento y que plantea la necesidad de reforzar la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso oportuno al tratamiento.
La sífilis es una infección de transmisión sexual (ITS) causada por una bacteria que se transmite principalmente a través del contacto sexual sin protección.
Uno de los mayores desafíos es que muchas veces no presenta síntomas o estos pueden pasar desapercibidos, lo que favorece su propagación. Sin embargo, detectada a tiempo, es tratable y curable. Cuando no se diagnostica ni se trata adecuadamente, puede generar complicaciones graves en distintos órganos e incluso poner en riesgo la vida.
La importancia del diagnóstico temprano
El diagnóstico se realiza principalmente mediante análisis de sangre mediante la detección de anticuerpos contra la bacteria (pruebas de tamizaje o detección inicial).
Ante un resultado reactivo, los laboratorios clínicos llevan adelante pruebas confirmatorias específicas, como el FTA-ABS o TPPA, que permiten establecer el diagnóstico definitivo.
En este contexto, el rol del laboratorio bioquímico es fundamental para garantizar resultados confiables, oportunos y de calidad, contribuyendo así a la detección precoz y al inicio rápido del tratamiento y al control del mismo.
Prevención: una responsabilidad compartida
El uso correcto y consistente del preservativo es la única barrera efectiva para prevenir la transmisión de la sífilis y otras infecciones de transmisión sexual.
Frente al aumento de casos, resulta clave fortalecer las estrategias de educación sexual, promover el testeo regular y facilitar el acceso a los servicios de salud. La prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno son herramientas esenciales para frenar el crecimiento de esta infección en Argentina.